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Museo-Palacio

El Museo-Palacio de Don Juan de Córdoba Centurión

 

Don Juan de Córdoba, el hijo de Don Adán Centurión, III Marqués de Estepa llegó a mediados del siglo XVII para construirse una residencia que albergaría las estatuas y las lápidas recogidas para satisfacer su pasión por la arqueología, a la que no sería ajeno el pasado romano de la ciudad. Su único interés, confiesa, es hallar "cosas de Estepa y Lora". Estepa y Lora estaban, por lo tanto, en el centro de las preocupaciones eruditas de Don Juan.

El 21 de febrero de 1665, Don Juan había muerto en Madrid. Falleció soltero y su testamento se leyó el día siguiente de su muerte, ante el escribano Pedro de Reoya.

 

El Museo

En 1655, se trasladan las piezas que poseía su padre, Adán Centurión.

En 1659, el Hércules que estaba en la plaza antigua, procedente de peticiones al cabildo de la villa de Estepa. Y otras, hallazgos más o menos fortuitos en la misma Lora.

La colección arqueológica estaba principalmente formada por estatuas e inscripciones procedentes de diversos lugares del Marquesado de Estepa.

La importancia de la colección y del museo no decayó con el abandono del edificio, dando una prueba más de la trascendencia de los elementos materiales y espirituales que albergaba.

Con el tiempo veremos como el museo de Lora es un referente continuo para la historiografía de época romana, pero también para la documentación sobre el inicio de los programas museísticos en España.

 

El Edificio

En la actualidad subsisten dos muros paralelos que debieron conformar una gran habitación y otro perpendicular a ambos que los cierra por un lado y presenta una gran portada adintelada a la fachada norte.

En el cerramiento oeste, que da a la plaza del pueblo, existe otra portada de las mismas características y que está actualmente cegada. El muro paralelo, el que supuestamente daba al jardín, presenta también algunos vanos de rasgos similares.

Según algunos autores los muros están compuestos de un gran basamento de grandes bloques de piedra calcárea sobre los que se eleva una estructura mixta que responde al que se ha dado a describir como “opus africanum” o, por los italianos, como “opera a telaio”, constituida por zonas portantes donde alternan los bloques en posición horizontal y vertical, y el resto está formado por piedras de dimensiones menores, sin escuadrar, trabadas con mortero.

El paralelo con el “opus africanum” es absolutamente evidente y tienen su imagen en algunas construcciones de Pompeya.

Solo una intervención arqueológica en la cimentación podría, tal vez, datar adecuadamente el edificio o alguno de sus muros.

 

Tenerías.

En el siglo XIX, el palacio se conocía como las “Tenerías”.

Posteriormente, el solar, dividido, sirvió en parte como vivienda y dependencias para animales. De entonces debe provenir el empedrado actual. La gran sala donde se dispusieron un día las lápidas llegó a utilizarse para proyecciones cinematográficas, y en cuanto a la colección arqueológica, hasta hace pocos años se podía ver un cipo funerario de granito y algunos sarcófagos de piedra reutilizados como abrevaderos.

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